La Delegación diocesana para el Clero es un cauce a través del cual el Arzobispo puede realizar adecuadamente uno de los primeros deberes de su ministerio episcopal, que es la atención y el cuidado de sus sacerdotes. Esta tarea comprende las distintas dimensiones de la vida y ministerio del Clero: dimensión humana, espiritual, intelectual y pastoral (cf. Concilio vaticano II, Decreto Christus Dominus, 15-16; Juan Pablo II, Exhortación apostólica postsinodal Pastores Gregis, 47).
El Arzobispo pone al frente de la Delegación a tres sacerdotes, uno por Vicaría, para que cumplan la finalidad de atender y cuidar al Clero diocesano en sus necesidades. La Delegación puede solicitar la ayuda de otros sacerdotes, para que colaboren en la realización de sus objetivos. En especial, los miembros de la Delegación han de trabajar en sintonía:
- con los Arciprestes, ya que también ellos han recibido la responsabilidad de velar por el cuidado de los sacerdotes de su Arciprestazgo (cf. Estatuto del Arcipreste. Año 2004, especialmente los puntos 1.3 y 2.5);
- con el Gerente del Instituto para la Sustentación del Clero, que ha de garantizar el bienestar económico y la atención sanitaria del Clero.